Tumbas

En la capilla principal, son especialmente relevantes las composiciones sepulcrales de los dos primeros reyes de Portugal: D. Afonso Henriques al Evangelio (lado izquierdo del altar) y su hijo D. Sancho I a la Epístola (lado derecho del altar).

Las dos tumbas forman parte de una magnífica obra escultórica del escultor francés Nicolás Chanterenne.

 

La construcción de las tumbas, que albergan a los dos primeros reyes de Portugal, data de 1520 y es de estilo gótico con elementos renacentistas y manuelinos. Fue en esta época cuando el rey D. Manuel I ordenó el traslado de los restos mortales de D. Afonso Henriques y D. Sancho I desde las arcas sepulcrales del cuerpo central de la iglesia a la capilla mayor. El traslado de los restos mortales de los dos reyes tuvo lugar en 1531.

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Al lado del Evangelio (lado izquierdo del Altar), se encuentra, sobre una tumba que lleva el epígrafe de D. Afonso Henriques, el fundador del Reino de Portugal. El sepulcro está rodeado de grandes retablos con estatuas de santos: en la parte superior central se observa el Escudo de Portugal sostenido por ángeles y en los nichos lates se encuentran las figuras de San Cristóbal y Santa Elena.

En la parte central inferior, debajo están Nuestra Señora de la Asunción, flanqueada por Ángeles y los Evangelistas, San Marcos y San Lucas, en los flancos hay pilastras facetadas decoradas con medallones, hornacinas y estatuas de los 12 Apóstoles.

 

En la Epístola (lado derecho del Altar), se encuentra, recostado sobre una tumba epigrafiada, el rey Sancho I (segundo rey de Portugal e hijo del rey Afonso Henriques).  Al igual que en la Tumba de D. Afonso Henriques, en la parte superior central, hay una escultura del Escudo de Portugal sostenido por ángeles y flanqueado por San Juan Bautista y el emperador Heráclito o Constantino.

El sepulcro está rodeado de grandes retablos con estatuas de santos -en la parte central inferior están las imágenes de Nuestra Señora de la Leche, Santa Catalina y Santa Magdalena y de los Evangelistas, San Mateo y San Lucas, en los flancos hay pilastras facetadas decoradas con medallones, nichos y estatuas- de los cuatro doctores de la iglesia, las cuatro virtudes cardinales (Justicia, Fortaleza, Templanza y Prudencia) y también las tres virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad).

 

De la profusa decoración de los dos sepulcros, cabe destacar los símbolos del rey Manuel I - la Esfera Armilar, la Cruz de Cristo y el Símbolo Real- que afirman y refuerzan el carisma del poder real del rey Manuel I.

«Los "portales" que conducen a los dos primeros reyes a la esfera mítica de lo sagrado de la mano del rey Manuel I, "iluminado" por la razón que legitima su poder, tienen un claro paralelismo en la obra más paradigmática de su reinado: el Monasterio de los Jerónimos.»